A diferencia del adulto, que implica un criterio de cronicidad, el TMG de inicio infantil o adolescente abre la posibilidad del tratamiento precoz mediante el cual se puede evitar, en muchos casos, la cronificación de la patología. Además de proporcionar al paciente y la familia algunos elementos distintos para hacer frente a la compleja problemática que se les plantea.
Los diagnósticos que pueden suponer un trastorno mental grave son: el autismo, las psicosis de inicio en la primera infancia, la esquizofrenia de inicio infantil o adolescente, los trastornos generalizados del desarrollo (diagnóstico que se realiza en niños muy pequeños, pero que con mucha frecuencia evoluciona hacia una psicosis franca), los trastornos afectivos graves, los trastornos paranoides y trastornos de la personalidad de tipo límite o antisocial.
En la construcción de la subjetividad confluyen diversos elementos: de orden simbólico (el lenguaje), de orden imaginario (la constitución del yo, de la imagen del cuerpo y del sentido, tanto del discurso como de la vida en general) y lo real de la experiencia, aquello que no puede simbolizarse y constituye lo traumático para cada sujeto. Y este proceso de confluencia y articulación de los distintos elementos, requiere de la dimensión temporal.